SILVIA NOGALES, CARICIAS DE GUITARRA

 

Juan Carlos Avilés

Festival Internacional de Música de Piantón

 

Cuando asistes a un concierto de Silvia Nogales, como el que inauguró esta séptima edición del Festival de Piantón, te das cuenta de que su relación con la guitarra no es la habitual de cualquier otro músico con su instrumento. Sus manos se deslizan por sus cuerdas con el mismo amor y ternura que las de una madre acariciando los cabellos de su hijo. Hay una simbiosis entre ambas, una comunión, un diálogo que se trasmite al público envuelto en una tremenda sensibilidad y sutileza. Por favor, abstenerse de respirar.

En el caso de Silvia Nogales no fue ella quien eligió el instrumento, sino el instrumento el que la eligió a ella. Ocurrió una mañana cualquiera, frente a una tienda de música que había cerca de su casa, en la manchega Puertollano. Cada día Silvia se quedaba embelesada contemplando una flamante guitarra que había en su escaparate, y en cuya reluciente superficie se veía reflejada. Tenía tan sólo cinco años.

“Mi mayor deseo era tener aquella guitarra, y al final mis padres accedieron a comprármela. Y así empezó todo”. Desde aquel momento, Silvia y su guitarra apenas se separaban, salvo para ir al cole y poco más, y el resto del tiempo lo dedicaba a buscarle los entresijos a aquella caja mágica a la que habría de dedicarse en cuerpo y alma, durante los primeros años incluso de forma autodidacta.

Desde sus primeras experiencias con la guitarra, Silvia siempre supo que quería dedicarse profesionalmente a ella.  “Inicialmente no iba a ninguna clase, ni nadie me enseñaba. Aprendía observando y practicando, fijándome en los acordes que veía en los músicos de la tele, o en mi padre, que le gusta mucho la guitarra  flamenca, incluso participé también en alguna rondalla. Un día, con ocho o nueve años, mi madre me pilló tocando Asturias, de Albéniz, y se quedó boquiabierta". Pero siempre tocando de oído, y mejorando con la práctica, pero aun sin formación alguna. “Hasta que un profesor de Puertollano me animó a que empezara mis estudios de música y me llevaba de oyente a sus clases, y así empecé mis estudios elementales hasta que ingresé en el Conservatorio, pero ya con diecisiete años”.

El hecho de empezar tarde sus estudios hizo que Silvia tuviera que esforzarse más, tanto que los catorce años de carrera se los hizo en nueve y además compaginándolo con Magisterio Musical, que finalizó con Premio Extraordinario. Todo un ‘crack’, vamos. Y en esa larga trayectoria comprendió que lo suyo era la música clásica, “aunque el flamenco que siempre oía en casa también me tiraba bastante”.

Antes de acabar la carrera Silvia comenzó ya a dar sus primeros conciertos en Ciudad Real, incluso a integrar algún conjunto de cámara. Después ha tocado con orquestas, realizado másteres, estudios especializados y un largo etcétera que pueden curiosear en su web (www.silvianogales.com) -- realizada con el mismo esmero que su música-- porque aquí sería interminable.

En la manera de tocar de Silvia Nogales hay un gran componente dramático que ha transformado en concierto-espectáculo junto con la actriz Esther Acevedo a partir de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, en el que confluyen en perfecta armonía ambas formas de interpretación. Con Las Seis Doncellas, sobre partitura de Mario Castelnuovo Tedesco, están cosechando numerosos éxitos por toda España, y actualmente su agenda no le augura demasiados respiros. Después de su participación en el Festival Internacional de Música de Piantón realizará un concierto en solitario en el Museo Sefardí de Toledo, impartirá un curso en Náquera, en Valencia, estará en Madrid, en septiembre, con Las Seis Doncellas, y lo que surja.

Así que aviso a padres navegantes: ojo a los escaparates musicales, puede nacerles una estrella en casa.

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