DÚO EENDRACHT: “QUE TU PROFESIÓN SEA TU PASIÓN ES FANTÁSTICO”

Juan Carlos Avilés / Festival de Piantón

Una tarde, a la salida del conservatorio, Virginia le dijo a su madre: “Mamá, todos los niños están jugando en el parque y yo no puedo, tengo que practicar”. “Muy sencillo”, le respondió con esa irónica perspicacia que sólo tienen las madres: “Deja el conservatorio y tú también podrás venir a jugar”. Nunca más se lo planteó.

Virginia del Cura, 26 años, violonchelista, coruñesa, y Ella van der Mespel, 25, violinista y nacida en Nueva Zelanda, forman el Dúo Eendracht, que en perfecto holandés significa algo así como ‘armonía’, ‘simbiosis’. Ambas crearon este conjunto hace apenas un año, pero ya formaban parte del Eendracht Ensemble, una agrupación más amplia surgida de la unión de varios compañeros de la Universidad de las Artes de Rotterdam, donde cursaban el master de música de cámara. Y esa simbiosis se ha plasmado admirablemente en los conciertos que el dúo nos ha ofrecido en esta séptima edición del Festival, al que llegaron gracias a un anuncio en internet introducido por una compañera con la que Virginia formaba cuarteto en Holanda. Bendito hallazgo.

Escuchar a este dúo, surgido de las antípodas del mundo, es una verdadera delicia no sólo sonora sino visual. Virginia explica --con una cálida voz que delata a la cantante que pudo haber sido, y una sonrisa de escándalo-- las piezas que van a interpretar, y se entregan a la ejecución depurada e impecable de sus instrumentos. Ella, elevando los brazos como una danzarina mientras desliza el arco por el violín. Virginia, tal que un hada de los míticos bosques atlánticos abrazada al chelo, su sonoro árbol de la vida.

Hablo con Virginia, porque mi inglés es patético, y ella (con minúscula) lo hace por las dos.

--¿Qué balance hacéis de vuestro paso por el Festival?

-- “Para mí ha sido una experiencia muy enriquecedora, sobre todo a nivel humano. Me pareció maravilloso el acercarnos a gente que siente pasión por la música y cantar en un proyecto didáctico con todos ellos (se refiere al Conjunto Festival), de forma que les podíamos ayudar para que aprendiesen lo básico y desarrollasen su oído. Eso es lo que más me llamó la atención. Y, por supuesto, la relación personal con Ella y la oportunidad de pasar una semana entera trabajando en nuestra obra. Siempre es un privilegio poder dedicar el día entero por y para ello”.

--Aunque parezca una canción de Perales, ¿cómo es Ella? ¿Qué tal os compenetráis?

--Somos como el viento y el agua, de naturalezas diferentes en la forma de ser y de tocar, pero milagrosamente nos entendemos muy bien y esto es bastante inusual. Cuando nos juntamos hacemos una magnífica combinación. Así nos sentimos y tenemos que madurar como grupo, ya que llevamos menos de un año, pero ojalá que sean muchos más.

--Cuando escuchas cómo se expresa el chelo notas que es mucho más que un instrumento, es un invocador de melancolías y nostalgias. ¿Ayuda ser gallega para entenderlo mejor?

--Todo tiene que ver porque al final nosotros somos lo que tocamos, o tocamos lo que somos, entre otras cosas por nuestras experiencias vitales. También creo que el hecho de salir y ver mundo enriquece mucho. Y tanto Ella, que lleva muchos años sin vivir en Nueva Zelanda, como yo podemos decir que esto es, ha sido y será lo más enriquecedor para nosotras: conocer diferentes culturas, caracteres, comprenderlo, convivir, razonar y tolerar, amar, creer... Y hacer música con todas esas influencias que captamos de fuera. El hecho de vivir con melancolía (nostalgia o ‘morriña’), no es, como decía Aristoteles, una enfermedad, sino una faceta que puede utilizarse para llevar la música y su significado a otro nivel. Es como una herramienta para los artistas a la hora de crear o componer. Pero a mí el chelo siempre me ha evocado a la voz humana, de la que al menos yo recibo más empatía.

--¿Alguna vez se te ha caído una lágrima sobre el chelo? Tocando, claro…

Muchas veces, y por varias razones: porque, practicando, lo buscaba yo misma tocando algo que me pusiera sensiblera, sabiendo de antemano cómo va a acabar la cosa, o porque en los conciertos y ensayos nos metemos tanto en la música que las emociones están a flor de piel. Las últimas veces, en un ensayo en Piantón con Ella, se nos caía la lágrima al practicar el tercer movimiento de la sonata de Ravel. Y con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, tocando la 9 sinfonía de Beethoven. Me imagino que por la emoción de formar parte de ello y por la densidad sonora, que te deja indefenso.

--¿Cuál es la soledad del músico?

--Creo que la vida del músico clásico es una de las más solitarias. Muchas veces he hablado de esto con mis amigos. Vemos a la gente que estudia en las Universidades carreras "normales", y cómo se relacionan con sus compañeros, y ellos guardarán ese grupo de amigos para toda la vida. Eso no es habitual en los conservatorios. Viajamos mucho, cambiamos mucho de ambientes, compañías, y eso te hace conocer a mucha gente que merece la pena, pero a la vez suelen ser unas relaciones un poco más superficiales porque son casi efímeras.

Por otro lado, en la música se agudiza el  estado competitivo. Al final, nosotros mismos nos ‘pinchamos’ para alcanzar el nivel que queremos; tenemos que competir con nuestros amigos para conseguir una plaza, ganar unas pruebas, un concurso, lo que sea y nosotros mismos nos criticamos y solemos criticar aunque sea inconscientemente. Y eso es lo que alimenta la soledad del músico. Si cuidamos nuestra "higiene emocional" creo que todo es más fácil y se lleva mejor. Pero a veces es difícil no pisar la línea de no querer hacerlo pero no poder evitarlo. Pero hecha la reflexión, ese estado de amor-odio que sentimos, ese sentimiento de soledad y frustración de repente se esfuma cuando tocas en un concierto y encuentras esa conexión inefable con tus compañeros. Eso es insuperable.

--¿En qué momento de tu corta pero intensa carrera musical estuviste a punto de tirar la toalla?

--Obviamente ha habido momentos durillos, más existenciales que estrictamente musicales, pero jamás he pensado en dejarlo todo. Cuando estaba en el conservatorio profesional tuve una profesora que no me ayudó mucho a alimentar mi interés por la música, y acudía al conservatorio un poco por rutina y sin pensar. Lo que me mantuvo a flote fue el coro de niños de la Sinfónica de Galicia. Estaba deseando que llegara el sábado para ir a ensayar. Y a los 16 años empecé en el coro joven y en el sinfónico de la OSG. Ahí ya no había retorno. La música pasaría a ser mi estilo de vida.

--Y de no haber sido músico, ¿qué te hubiera gustado ser?

--Posiblemente bióloga, pero no sé si hubiera mantenido un interés constante. Gracias a la música, por ejemplo, he abierto las puertas a la Historia del Arte, y hasta me he matriculado en la Universidad; o hubiera estudiado Filosofía, ya que mi mejor amiga se dedica a ello. O ayudaría a Ella en su vivero, pues le encanta la jardinería y pasa horas en su huerto con sus plantitas. O me metería a botánica y abriría una floristería especializada... Yo que sé. No concibo otra cosa que la que hago.

--¿Qué haces cuando no tocas? ¿Qué es lo que más te relaja o te hace disfrutar?

Pues por suerte muchas cosas. Nado mucho. En aquellas ciudades en la que estoy me busco un club de natación al que afiliarme. Ahora, en Valladolid, estoy en un club de natación en aguas abiertas. El Jazz es otra de mis pasiones, igual que le ocurre a Ella. Siempre que puedo voy a conciertos, festivales, y he hecho mis pinitos, aunque en definitiva sea también tocar. Es lo bueno de que tu profesión sea a la vez tu pasión. El senderismo es otra de mis actividades favoritas. Y luego leo mucho –mi madre dice que demasiado--, y me encanta pintar, el cine, el teatro, ver a mis amigos, viajar, cocinar… Y un secretito: escribir proyectos y desarrollarlos hasta el final. El último, construir un ‘arpeggione’ (instrumento histórico de la Viena del XIX), y no solo lo escribí, sino que hice mi tesis sobre ello y hasta llegué a construir el instrumento. Es precioso, y suena muy bien.

 --Aunque tengamos que recurrir a la Wikipedia, ¿a qué chelistas idolatras?

A muchos, mundialmente conocidos y no tanto. Sin ir más lejos, a mis tres maestros, en orden de llegada: Juancho Almarza, Marius Díaz Lleal y Jeroen den Herder. Cada cual por  unas facetas en particular que me hicieron entender la música de otra forma, y porque son unos chelistas de quitarse el sombrero. Juancho me enseñó a reconciliarme con el chelo y ver que no hay que luchar contra él, sino que es nuestro aliado. Con Marius aprendí lo que es un discurso musical y lo importante, por ejemplo, que es una buena digitación para no distorsionar la línea. Me enseñó a tallar la música, formarla y hacer su boceto. Él fue el artífice de mi autoestima musical y uno de los pocos que han creído en mí. Le debo mucho, seguramente más de lo que él piensa, y no sé cómo podría recompensárselo. Me imagino que haciendo lo que mejor se hacer. Me viene a la mente también David Ethève. Con él aprendí la sensualidad de la música, el acabado después de tallarla, el detalle... Pienso mucho en él, al igual que en Xavier Gagnepain. Con él aprendí a escuchar lo que no suena, o lo que debería de sonar. Asier Polo es otro de los músicos que me apasionan, o Müller Schott. Últimamente están emergiendo chelistas alucinantes.

--Los músicos, sobre todo en la primera etapa, pasáis por diversas agrupaciones. ¿Es la fase más ‘promiscua’ de vuestra carrera?

Totalmente promiscua. ¡Con un grupo a la semana! Hasta que se te definen los gustos es normal que probemos de todo. Aunque no estoy muy segura de que se diluya con el tiempo esta promiscuidad, puede que sea incluso más diverso, pero a lo mejor con más nivel.

--Tú has tocado y tocas en orquestas. ¿Cómo te sientes mejor, arropada por decenas de músicos e instrumentos o tocando sólo con Ella?

Es muy diferente tocar en orquesta que hacer música de cámara. Antes pensaba que no, que la orquesta era como un gran grupo de cámara, que lo sigue siendo. Pero en cuanto a ideas musicales, en la música de cámara tú decides cómo debe ser la música y en la orquesta siempre hay un director que puede o no distar de tus inclinaciones. Por otro lado la sección: hay que unificar sonido y línea. Es muy importante ser muy flexible en orquesta puesto que hay que hacer lo que el resto haga, y no tener tus propias iniciativas, que puede entrar en controversia con los demás.

Ahora, me han dado la oportunidad de tocar en la orquesta de Castilla y León y he de decir --no porque trabaje ahí-- que la orquesta tiene un listón muy alto, tanto a nivel individual como grupal y me siento una privilegiada de poder aprender tantísimo cada día con ellos.

Por otro lado me apasiona la música de cámara, y digo abiertamente que dedicaría mi vida entera a ella, pero no es tan fácil.  Tiene que haber una gran complicidad para tocar con una persona a solas, y ser compatibles en todos los sentidos, sin necesidad de ser iguales. Míranos a Ella y a mí, somos muy diferentes, en forma de ser, de tocar, pero, milagrosamente, nos entendemos muy bien. Y esto es muy complicado. Así que por muchos años más.

--Parece que Ella está tentada por la música de jazz. ¿Crees que te acabará cambiando por un contrabajo?

El contrabajo lo toca su hermano Louis, y a él se lo deja. Puede hacer un jazz muy interesante con el violín, aunque es más inusual. El interés por el jazz le viene desde siempre. En casa, sus padres eran unos aficionados empedernidos. Tanto que Ella se llama así por Ella Fitzgerald, y su hermano por Louis Amstrong. Con el tiempo se te van agudizando los gustos e intereses, pero obviamente si lo mamas en casa lo tendrás casi como doctrina.

--¿Y a tí? ¿Te tienta algún otro estilo musical que no sea el clásico? ¿Cómo te llevas con la música contemporánea, por ejemplo (aunque no deje de ser clásica)?

Ya he comentado que uno de mis hobbies es el jazz. No me llamo Sidney Bechet, pero me gusta igual. Es más, en casa, el 90% de la música que escucho es jazz, el 6% bluegrass, el 2% rock&roll y ese 2% restante sería música clásica. La contemporánea también me gusta mucho. Empecé en mis últimos años de conservatorio a trabajarla y estuve en un taller de contemporánea. Desde entonces ha sido una puerta que siempre ha estado medio abierta. Y hoy en día ya está más que normalizado en mi práctica habitual.

--¿Tenéis planes Ella y tú como dúo, o es sólo un amor de verano?

No, no es de verano. Es un dúo que merece la pena mantener. Tenemos conciertos próximamente en Holanda y ya hemos estado hablando de próximos proyectos.

--¿Qué vais a hacer una vez finalizado el Festival? 

Un festival de orquestas de cámara en Galicia con la Orquesta de Cámara gallega y colaborar en el Zutphen Cello International Festival. Ella tampoco anda ociosa. Después del Festival va a Finlandia a recibir clases y luego a preparar el recital de fin de Master que tenemos ambas en agosto.

--Y dentro de diez años, ¿dónde te gustaría estar?

Con el chelo subida a un escenario. Ves que no pido tanto.

--Y ahora, lo más peliagudo: ¿dejarías la música por amor?

¡Nooo! Si alguien me obliga a decidir es que no está hecho para mí, y una cosa es dejar mi trabajo y otra muy distinta abandonar la música. Eso es inconcebible.

1 Respuesta

  1. Enhorabuena por el proyecto y, gracias a el, conocer a estos músicos maravillosos que de otra manera no les llegaríamos a disfrutar. Gracias a Juan Carlos por la entrevista.Gracias a Pianton, quiero ser amiga de ellos para siempre!! Virginia y Ella larga vida de exitos

Agregar comentario