Piantón y las notas de un piano

Apenas finalizada la octava edición del Festival recibimos un texto manuscrito de la cellista Virginia del Cura, que es el que reproducimos a continuación. Y lo hacemos porque resume, mejor que nada, la vivencia de músicos que, como ella, han pasado por Piantón y celebrado no sólo la fiesta de la música, sino de la amistad. Ojalá que el sentir de Virginia sea un sentimiento colectivo, y así lo creemos. Será el mejor de los éxitos de este feliz encuentro.

Virginia del Cura
A Coruña, 6 de agosto de 2018

Cuando era pequeña, un día acompañé a mi madre a una tienda de música a comprar una flauta para mi hermano. Mientras ella estaba en el mostrador yo allí descubrí un mundo nuevo. En aquella tienda había que pasar por delante de todos los pianos antes de llegar a la caja, y me quedé admirando uno de ellos. Me acerqué y empecé a observarlo; después toqué una nota un par de veces y con esa nota saqué una canción. De repente, mi madre, que estaba con el dependiente, vino atónita hacia mí y me preguntó que quién me había enseñado a tocar aquella canción, a lo que respondí: “Nadie, ¿ves?, es muy fácil”. No penséis que era difícil, eran cinco o seis notas, pero curiosamente esa canción aparece en momentos especiales de mi vida.
Soy de las personas que buscan (o encuentran) relación con todo lo que digo, pienso u oigo con todo y en todo momento. A mi hermano le tengo frito con mis conversaciones aparentemente fuera de contexto, pero que en mi cabeza están relacionadas con un hecho, una palabra o un momento determinado. Estaba pensando en vosotros y os he empezado a contar mi infancia. Puede que lo entendáis pues, por lo que he observado, en cada instante predomina en vosotros el niño o la niña que lleváis dentro (más, si cabe, a nuestra edad).
Me han llegado a criticar porque me entusiasmo y emociono demasiado por las cosas que me rodean, incluso las que, en apariencia, puedan parecer banales. Y con la gente que conozco y la que no. Pero incluso después de llevarme bastantes varapalos por dar lo que puedo a personas que luego lo/me desprecian, mi nivel de entusiasmo e inocencia sigue inquebrantable y me sigo emocionando y sorprendiendo de todo.
Tal vez penséis que no hace falta decir todo esto para dar las gracias, pero os merecéis esto y el mundo entero escrito en verso (irónicamente lo dice quien no puede pensar en una estrofa que rime mientras suena, por debajo, mi canción).
Este festival significa muchas cosas: un sitio donde hacer música y crecer profesionalmente con compañeros como vosotros o con gente que no sabe leer una partitura. Un ambiente tranquilo en un medio rural donde puedes conocer a fondo a la gente y la cultura del lugar. Acercamos música ‘de calidad’ a aquellos lugares que no tienen tantas facilidades de acceso a ella. Nos enriquecemos con sus reacciones, felicidad, alegría, lágrimas, chiribitas en los ojos, aplausos y palabras de aliento.
En Piantón coincidimos con gente de todo el mundo en un ambiente distendido, predispuestos a conocer y disfrutar, y olvidando el frenetismo de nuestras vidas, compartimos casa por un tiempo. Y aquí entráis vosotros, chicos. Hemos pasado siete días de convivencia gozando de lo más hermoso y bello que hacemos, e incluso de lo peor que tenemos; de los pelos desaliñados y de los que rozan la perfección, de los gritos y de los susurros, de las bromas pesadas y serenas, de la comida abundante y los cafés amargos, de la falta de sueño pero con muchos sueños, manualidades infantiles y que no lo son tanto, dolores de cabeza pero con sonrisas eternas, lealtad, bondad, cooperación y comprensión, olores a queso y a rosas, alegrías y frustraciones… Una explosión de emociones que se han concentrado en un pueblecito de cinco calles y en menos de una semana. Amamos lo que hacemos sin cuestionarlo lo más mínimo, y esta semana de convivencia tan corta ha sido suficiente para llevarnos amigos de por vida.
Me pongo triste, mucho, al pensar que puede pasar bastante tiempo hasta que nos veamos de nuevo, a todos aquellos que, de algún modo, habéis marcado y dejado un cachito vuestro en lo más profundo de todos nosotros. Pero a la vez estoy tremendamente contenta al saber que existís y que estaréis conmigo cada vez que os recuerde, o vea una foto (benditas fotos), o cuando escuche esa canción que toqué en aquel piano cuando era pequeña.
Será inevitable que este festival, como aquella canción, me venga con frecuencia a la memoria. Y todo gracias a vosotros.

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