Iberian Quartet, o el arte de tenerlo claro

Juan Carlos Avilés

Cuando Iberian Quartet se arranca con uno de los Conciertos de Brandemburgo piensas que Bach lo hubiera escrito para saxo de haber conocido este instrumento, que no se inventó hasta más de un siglo después. Tal es la solemnidad y la emoción que transmiten estos cuatro músicos al ‘ensamblar’ con semejante maestría sus respectivos registros sonoros. Pero sólo se pueden transmitir cuando hay unas sensibilidades complementarias que son capaces de generarlas.

Ellos son dos portugueses, Pedro Melo (saxo alto) y Luis Coelho (saxo tenor); un canario, Antoine Flores (saxo soprano), y una vasca, Patricia Aller (saxo barítono). Los tres primeros se conocieron durante unas jornadas sobre saxo en Oporto, hace dos años. Y como, si la matemática no miente, con tres es imposible hacer un cuarteto, se lo propusieron a Patricia, que no pudo resistirse a tan tentadora oferta, y sonó el clic. Pero hablemos un poco de y con cada uno de ellos:

Antoine: “Empecé a estudiar música con cuatro años en la Escuela de Folklore Canario de Arafo, mi pueblo, en Santa Cruz de Tenerife. Aprendí guitarra, laúd y timple, un instrumento típico canario. Allí estuve hasta los 15 años, pero a los ocho años me apunté a la banda Nivaria de mi pueblo, que es donde realmente empecé a estudiar música. Luego vino el Conservatorio Profesional de Tenerife, hasta los 18 años, y luego tres en Musikene (Escuela superior de Música del País Vasco) y Erasmus en Francia (Poitiers). Luego fui a Finlandia a realizar un master de saxofón clásico. y actualmente sigo allí estudiando. He tenido otras agrupaciones con acordeón, piano y flauta. Mi padre toca en la banda y mi madre canta y toca la guitarra en un grupo no profesional. También mi hermana toca el piano y la trompa, pero el único que ha seguido los estudios profesionales he sido yo. Cuando no viajo por estudios o algún concierto vivo en Arafo, que es, además del mío, el pueblo de la música”.

Patricia: “Yo comencé con ocho años a estudiar saxo y el primer gran reto fue entrar en Musikene, en San Sebastián, que es lo que más me ha marcado: los profesores, los compañeros, las master class… A  Antoine le conocí en esa etapa, aunque antes habíamos coincidido en un curso en Granada, y seguimos el contacto. He trabajado con diferentes grupos de cámara tocando el saxo tenor, pero cuando Antoine me propuso ocuparme del barítono en Iberian Quartet me convenció. Era un experimento y a mí me gustan los experimentos.

Pedro: Los primeros estudios musicales los realicé en mi pueblo, cerca de Guimaraes, con 11 años. Primero con la trompeta, luego me pasé al saxo y entré en el Conservatorio de Guimaraes. En 2014 seguí con el saxo en la Universidad de Minho, y allí estuve tres años, el último de los cuales fui de Erasmus al Conservatorio de Castilla-La Mancha, y regresé a Portugal. Ahora estoy cursando el master de enseñanza, en Braga, y luego conocí a Antoine y vino lo del cuarteto. Mi pueblo también es un lugar de músicos y en  Guimaraes hay mucha tradición y cultura musical.

Luis: Me inicié con el clarinete en una banda de mi pueblo, cerca de Oporto, y a los 12 años, tarde para lo que se acostumbra, comencé con el saxo porque escuché a un tío mío tocar y me despertó una pasión enorme. Fui a estudiar profesionalmente a Oporto y a hacer el bachelor a Braga. Yo entré en 2013 y Pedro en 2014, y ahí nos conocimos. Siempre toqué en grupos de cámara, cuartetos, quintetos, ensembles de saxos, pero nada profesional, sólo académicos. Cuando conocí a Antoine le propuse hacer un cuarteto profesional, con alguna calidad, donde todos y cada uno buscáramos lo mismo y hacer carrera de eso, que es la diferencia con otros grupos de saxo. En mi familia hay muchos músicos, pero todos amateur, yo soy el primero profesional porque pretendía algo más que tocar en una banda.

Con la formación en marcha, y una decidida vocación de continuidad, hace falta un elemento aglutinador, un líder que lleve la voz ‘tocante’ y ponga en común las ideas y aportaciones de todos. Sin líder no hay paraíso, y ellos lo saben. “Ese es Antoine”, responde enseguida y con rotundidad Patricia. Pero además hay un componente de amistad que, a esas edades, es casi más importante que el resto. “Son importantes los dos, el lado profesional y el de la relación afectiva”, dice Pedro, “porque para que esta agrupación funcione es necesario un poco de sacrificio, y sin la fuerza de voluntad esto no sale adelante”.

Portugal y España, dos países vecinos pero con realidades distintas y un panorama musical diverso. “En Portugal trabajar como solista es difícil porque las escuelas están muy llenas y los conservatorios también, y más de saxo, que aún se mira con un poco de distancia y por debajo de otros instrumentos. En cuanto a música de cámara hay muchos grupos, pero también mucha gente que quiere organizar conciertos, que se canalizan a través de los ayuntamientos y las cámaras municipales de cada región. Por ejemplo, en Guimaraes, mi pueblo, hay un montón de conciertos, y sin embargo Braga, que está a 20 minutos, es un poco pobre culturalmente. Y de música de cámara, como en Piantón, hay pocos festivales. Y cuando se hace algo es a cambio de nada, no se paga, hay que vivir del aire. En España eso está mejor”.

Tanto en Portugal como en España hay excelentes músicos y magníficos docentes, pero a la hora de la especialización y de los posgrados unos y otros deciden marcharse fuera, aunque las posibilidades de trabajo parecen no diferir demasiado. Patricia nos habla de ello: “No es preciso irse fuera necesariamente. Yo creo que hay diferentes salidas, dependiendo del camino que escojas. Cuando estuve estudiando en Ginebra había posibilidades de trabajar de profesor de saxofón, siempre que poseas todos los títulos pedagógicos que piden allí. Había quizá más posibilidades que en España. En mi caso podía haberme quedado en Suiza, y de hecho me lo pensé bastante, pero hay que poner en la balanza que es lo que quieres, si dedicarte expresamente y sacrificar todo por dar clases de saxofón, que es a lo que estamos predestinados y para lo que nos forman, o si quieres quedarte en casa, con la familia y los amigos, y dedicarte a la música, pero no en concreto al saxofón, porque no hay tantas salidas en España de eso, salvo si te dedicas al jazz. Pero la vida del jazz es muy esclava, generalmente nocturna, y hay que moverse continuamente, por lo que hay un momento que te puedes llegar  a cansar”.

Casi todos los jóvenes músicos realizan el máster, lo más parecido al CAP, que les permita dar clases y garantizarse unos ingresos. “Sí, la enseñanza es una buena salida porque nos aporta cierta estabilidad”, confirma Patricia. “Yo creo que todos queremos dedicarnos a la enseñanza, pero a la vez deseamos continuar siendo intérpretes, que es para lo que hemos estudiado”.

Y esa es la idea que les mueve, mantener por encima de todo Iberian Quartet a pesar de las dificultades de la distancia, sobre todo Antoine desde Finlandia. Y organizarse lo mejor y más eficazmente posible para evitar los tiempos muertos. “Se reparten y se intercambian las tareas”, apunta Pedro. “Unas veces unos buscan conciertos, otros hacen las promos… y el repertorio lo hacemos entre todos, aportando ideas de cada uno”. “De las redes sociales se encargan más ellos”, dice Patricia. “En la manera de funcionar, lo hacemos por ‘encuentros’. Quedamos en fechas que podamos y cada uno tiene que tener clara su parte, porque si hacemos los encuentros es para funcionar”. Y Pedro puntualiza: “La última vez que quedamos en Braga, ensayamos tres días y concierto, y luego teníamos una master class con niños en mi pueblo, en Guimaraes. Así que lo más importante es juntarse y trabajar, no dedicarse a las técnicas”. “Y lo más importante es no desistir, continuar buscando cosas” –dice Luis–, “festivales o concursos para no perder el ritmo porque Iberian Quartet tiene que continuar, con todas las dificultades: Patri está trabajando en Bilbao, Antoine estudiando en Finlandia, nosotros en Portugal, y hay que encontrar una fecha que nos venga a todos bien, y cuando tenemos esa fecha intentar siempre tres o cuatro conciertos. Por eso lo mejor son los periodos de vacaciones”. Antoine, más pragmático y realista, hace una acotación: “También hay que tener en cuenta la parte económica, porque si no nos pueden pagar lo suficiente tampoco podemos perder dinero, y a mí el pasaje desde Finlandia me sale muy caro. Por eso si un concierto no nos sale rentable, no se hace”.

Pero a pesar de todos los pesares, Iberian Quartet están empeñados en continuar, y son conscientes de que cuando finalicen sus estudios todo será más fácil. “Tenemos claro que esta es una etapa de transición”, puntualiza Patricia. “La idea ahora son pequeños retos para continuar con el cuarteto. Motivarnos, desde luego, y cuando pase este periodo todo irá mucho mejor. Pero yo estoy muy contenta de cómo lo vamos llevando”.

La de música es una carrera repleta de renuncias y sacrificios, pero a pesar de ello a ninguno se le ha pasado por la cabeza tirar la toalla. “Si dejáramos la música sería muy aburrido”, sostiene Patricia. Y Luis se pone entusiasta: “No, porque el resultado final ha sido fantástico y estamos muy contentos de que la idea se haya vuelto real. El primer día que nos pusimos a tocar y vimos los resultados nos quedamos impresionados”.

Estamos a punto de acabar la entrevista porque hay una razón de suficiente peso que nos mueve a ello: es la hora del catering, y si llegas tarde te quedas sin patatas fritas, que a todos nos encantan. Pero hay una pregunta que hago a todos los entrevistados y que no puedo dejar pasar ni por todas las patatas del mundo. ¿De no haber sido músicos, qué os hubiera gustado ser? Antoine dice que se hubiera dedicado a algo relacionado con los idiomas, traductor, o cualquier otra cosa que se pueda compaginar con la música, pero siempre relacionado con los idiomas. Luis abre más el abanico y diversifica entre la investigación, "astronomía o algo así", porque dice que le encanta descubrir cosas nuevas; o continuar en las artes, pero dedicado al teatro. Patricia se inclina también por las artes escénicas, “porque lo he hecho en varias ocasiones y me encanta, siento un placer similar a tocar”. Pero también le gustan mucho la enseñanza y la filosofía. Y Pedro apunta mucho más alto: “Si no fuese lo que soy ahora me hubiera gustado ser piloto de aviones. Pero eso sí, de los que andan rapidito”.

Y pusimos pies en polvorosa. No hay sinfonía comparable a un buen filete con patatas.

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