Dolores Serrano, sobre todo compositora: “La música puede convivir con el resto de las artes”

Dolores Serrano, primera ‘bailarina’ a la derecha, durante el estreno de su obra en Piantón.

Juan Carlos Avilés

En principio pensaba entrevistar a Dolores Serrano por teléfono. Era la compositora invitada de esta octava edición del Festival y queríamos ir calentando motores, pero, finalmente, ambos decidimos hacerlo en vivo y en directo. Y nunca me alegraré lo bastante, porque la distancia no es un buen aliado para un ‘agente de proximidad’ como ella. Franca, campechana, natural, divertida, con ese gracejo del sur que ya viene incluido en los genes, y un rutilante brillo en los ojos advirtiendo que te encuentras ante una persona vital y transparente que disfruta con todo lo que alcanza su mirada. Vino al Festival con Sergio, su hijo, un chaval veinteañero estupendo, digna astilla de semejante palo, y al que le va a costar trabajo quitarse de encima. Bendita unión. Así que delante de una cervecita fresca, que es como mejor se llega al fondo del ‘almario’, surgió la primera pregunta: ¿Cómo se puede ser compositora, profe, mujer y madre a la vez y no morir en el intento?

“Descubrí que era mujer con treinta y tantos años, cuando me decían “es que las mujeres lo tienen muy mal y todo eso”. Pero hasta entonces ni siquiera  me lo había planteado. Cuando me empezó a gustar la música era muy pequeña. En la tele lo único que se veía era La Casa de la Pradera, los telediarios y los conciertos de La 2 (entonces UHF). Y me encantaba ver los conciertos y las orquestas, con todos esos arcos para arriba y para abajo… Entonces me preguntaba cómo se escribirían las virguerías que hacía esa gente. Es verdad que no veía nunca a una mujer, pero no me lo tomaba como una cosa de género. Claro, que tenía sólo ocho o nueve años. Y nada, seguí mi vida para adelante, descubriendo lo que quería hacer en la música, estudiando y trabajando a la vez. Y cuando digo que descubrí que era una mujer fue al empezar a componer, a reunirme con otras mujeres compositoras y a discutir los problemas que, por el hecho de serlo, teníamos dentro de la música”.

Dolores realizó sus estudios musicales en Cádiz, y a los 16 años empezó a compaginarlos con su trabajo en un supermercado donde llegó a ser de todo, dependienta, cajera, encargada, pero sin robarle ni un minuto de tiempo al objetivo que se había marcado. “Lo que siempre he tenido claro es que yo quería ser directora de orquesta, aunque todavía no he llegado a ello. Pero bueno, estamos en el camino”.  Volvemos a la cuestión del género. “Cuando empezó el Festival de Música española de Cádiz, en 2005, se creó un taller, que es pionero en esta país, donde se reúnen varias mujeres compositoras para escribir, para comentar, para hablar con el público. Y ahí es cuando empezaron las conversaciones de que si las mujeres, que si el techo de cristal, y, como te dije, cuando me enteré de que era mujer y de que vivía en un contexto diferente al de los hombres. Luego me fui dando cuenta de que no siempre las intérpretes femeninas son admitidas en orquestas, y según qué instrumentos tampoco. Y en cuanto a compositoras no hay más que ver cuántas veces se programa a una mujer en las orquestas. Y si ahora se hace más es por cubrir la cuota política, pero tienes que ir demostrando tu validez, tu calidad y tu aportación por delante, y que sea irrebatible. Hasta ahora a mi me han hecho algunos encargos, espero que por lo que yo sé hacer, pero otros muchos son por ser mujer, eso lo tengo claro”.

Dolores Serrano es pianista, profesora de música-movimiento y de lenguaje de teatro musical, pero en el terreno en el que se encuentra más a gusto es cuando lo puede mezclar todo. “Como pianista siempre me he sentido muy solitaria porque no puedes salir de casa, tienes que estar siempre estudiando. Cuando empecé a hacer música de cámara me encantaba, porque ya era otra cosa, estás acompañada de alguien. Pero siempre me ha gustado la idea de que todas las artes se puedan mezclar, y que la música sea el eje para todo. Y desde que empecé a trabajar en la Escuela de Danza me di cuenta de que allí podía desarrollar esas ideas de mezclar la música, el teatro, la danza, e incluso el dibujo. Yo pongo a mis alumnos a dibujar para que aprendan un ritmo en concreto y que expresen mediante los colores y las formas lo que les sugiere. Al final salen unos dibujos abstractos pero pautados por lo que te sugiere la música”. Y no puede evitar una confesión acorde con ese criterio integrador. “Yo siempre me he aburrido mucho cuando en los conciertos tienes que estar una hora u hora y media sentado sin pestañear y ni siquiera aplaudir entre movimiento y movimiento. Y yo pienso, pero vamos a ver, si a mí me ha fascinado el sólo que acaba de hacer este señor, ¿por qué no puedo expresarlo hasta dentro de veinte minutos?”

Por eso, y porque es gaditana, a Dolores le gusta todo de puertas afuera, incluidas las personas, por ese aspecto informal y espontáneo que permite expresarte con mayor libertad. “En la Escuela yo cada trimestre abro el aula para que los papás, los familiares, o los compañeros –porque ahora también tengo gente adulta–, quien quiera, pueda venir a ver las clases. Al principio lo hacían tipo público y se limitaban a mirar, pero luego pensé que no me terminaba de convencer eso de que mis alumnos fueran como unos pequeños artistas y los demás el público. Entonces se me ocurrió la idea de invertir los términos: yo invito  a la gente sin avisarles de mis intenciones y a mis alumnos les digo: “sentaros, que quienes van a hacer la tarea hoy van a ser los mayores”. Muchos son reacios y se escaquean, pero a los que se apuntan les digo brevemente lo que tienen que hacer con una sencilla coreografía. Y comprobé que muchos padres nunca habían bailado con sus hijos, y cuando ellos les veían bailar los niños alucinaban en colores. Así que desde entonces empecé a admitir mayores en las clases. Y a partir de ahí pensé que por qué no hacerlo en la calle, aprovechando que yo soy un poco conocida y tengo acceso a los que llevan los temas culturales. Y empecé a hacerlo en el Parque Grande de San Fernando, que es donde yo tengo la escuela. Entonces a los alumnos mayores les utilizaba de gancho para implicar al público. Porque lo que más me gusta es el contacto humano, que es lo que creo que se ha perdido. Hasta en los patios de los colegios se han dejado de practicar los juegos participativos, así que ahora el ruido de los patios es ruido a secas, no esos efectos sonoros de canciones infantiles. Al proyecto le llamo “Convivencia en movimiento más allá del aula”. Incluso incluyo música clásica para que la gente vea que se puede bailar, tararear. Y el próximo paso será meter música contemporánea”.

Pero ese espíritu ‘polvorilla’ que mueve siempre a Dolores no acaba en la docencia. Ha compuesto para grupos de cámara, para solistas, para orquestas, e incluso realizado las bandas sonoras de películas, cortos y documentales, hasta el punto de haber estado uno de esos títulos nominado a los Premios Goya. “Casi todo lo que hago me produce muchas satisfacciones, porque le pongo mucha pasión a todo. Por ejemplo, en Lenguaje de Teatro Musical. No es que sea profe nada más, es que cada vez me gusta más actuar porque mis alumnos me piden que lo haga con ellos. Pero mi pasión enorme, con la que me puedo pasar horas sin tener control alguno del tiempo es la composición. Yo soy muy disciplinada, me levanto muy temprano, y por la mañana, que estoy más liberada mentalmente, es cuando me suelo poner a escribir. Pero siempre pienso en música, y hasta cuando friego escucho la vajilla y el repiqueteo del cristal me sugiere notas fantásticas”.

La obra que ha compuesto para el Festival tiene esa misma intención. “Elena me llamó porque le apetecía que esta año fuera una mujer la compositora invitada, y porque mi gran amiga Diana Pérez Custodio, que ya estuvo en Piantón, le habló de mí. Entonces, cuando supe que en los talleres participaban los músicos junto con gente amateur y del pueblo me planteé hacer una partitura que no tuviera mucha complejidad, y le añadí un elemento participativo de forma que la gente saliera a bailar y a tocar las palmas para desdramatizar lo que era una partitura de música contemporánea. Así que me traje el proyecto de Convivencia en Movimiento a Piantón, porque además venía mi hijo que lo conoce a fondo”.  Y así nació De los pies a la cabeza, línea recta a la derecha, un título que nos sorprendió a todos pero que Dolores explica con mucha claridad. “A ver, yo tracé con una regla una línea en el mapa que llegaba de Cádiz a Vegadeo, pero como Piantón queda un poco a la derecha, pues así quedó, aunque tiene más simbologías. En resumidas cuentas, lo que yo quería era hacer una presentación de los instrumentos con un tema casi contemporáneo, casi clásico, casi infantil. Pero lo que más me preocupaba era el coro y que, dada su heterogeneidad, estuviera cómodo con lo que estaba haciendo. Objetivo principal: convivencia en movimiento”. Pero Dolores no quería que la presentaran como autora de la obra, porque además ella formaba parte del coro, sino como una más. Y así fue. Y en los cuatro conciertos –conjunto festival, clausura y los bises de ambos— la obra fue un éxito.

A pesar de trabajar en una escuela de danza, Dolores recalca que ella no es profesora de baile, sino que utiliza el movimiento como forma no sólo de vivir, sino de convivir la música. Hasta el punto de haber sido requerida en una residencia de ancianos para llevar su proyecto. “Cuando me lo pidieron les pregunté si tenían alguna movilidad y me dijeron que “bueno, algunos se mueven un poco…”. Así que me presenté allí con parte de mis alumnos y aquello fue un poema, porque unos levantaban la mano, otros un pie, pero una en concreto, que estaba aferrada a un andador, me decía “yo también quiero”, así que bajé un poco el ritmo para que nos pudiera seguir. Al final los de la residencia quedaron alucinados” —dice entre risas—. “Hay que ver cómo trasmites. No sabíamos que tenías ese poder”. Sin duda, Dolores Serrano tiene poderes, los que confieren la pasión, la fe, la profesionalidad y ser una enamorada extrema de su trabajo y de su devoción por la música y por la gente. Con el teatro le ocurre un poco lo mismo. “Yo no sabía que eras actriz”, me dicen. “Perdona, yo no soy actriz, lo que pasa es que me pongo”.

Al preguntarle si ser de Cádiz ayuda a la hora de hacer música, vuelve a lo del piano: “En Cádiz está el Conservatorio y otras instituciones docentes, pero yo en ellas siempre me he sentido solitaria, no sé por qué. Hasta que me invitaron a participar como mujer compositora en el Festival de Música Española y pensé que lo habían hecho para mí, porque lo que me ha dado proyección, —además de internet, claro— ha sido este festival. El poder coincidir allí con Teresa Catalán, Pilar Jurado, Diana Pérez Custodio, Carme Fernández Vidal, María Luisa Ozaita... Luego conocí a Diego Fernández Magdaleno, Premio Nacional de Piano, que ha interpretado varias obras mías. Pero todo eso me lo ha dado el festival que impulsó Reinaldo Fernández y que fue el pensador y alma del taller de mujeres, hasta que le nombraron director de La Alhambra. Así que estoy encantada con el Festival de Cádiz como melómana, como ciudadana, como profe y como compositora.

Debían de ser como las tres menos cuarto, más de 40 minutos de charleta, y al ronroneo gástrico se le unió, como siempre, el horror de quedarnos sin patatas fritas. Pero no podíamos cerrar el tema sin mi obsesiva preguntita. ¿Y tú, de no haber sido músico y todas esas cosas aledañas, qué te hubiera gustado ser? “¡¡¡Camionero!!!”, me responde sin que le tiemble una sola pestaña. “Lo he dicho con la boca chica porque suena muy raro, pero es verdad. Cuando yo era pequeña, a mi padre le dieron una casa nueva cerca de la carretera, que además era una carretera industrial. Y yo cada vez que veía pasar una cabeza de camión decía “¡ostras, a mí eso me encanta!”. Y es que las cabezas de camión me han entusiasmado siempre. Lo siento, pero es así”.

Camionera vocacional, cajera de supermercado, vendedora de calcetines que confeccionaba ella misma siendo una cría y que cambiaba en las tiendas de ropa por vestidos, hija de pescadores y la única de siete hermanos –entre ellos un catedrático de latín y poeta y otro director de cine y escritor—que se ha entregado a la música, mujer orquesta que sueña con dirigirlas, pianista, profesora, animadora, provocadora de emociones y emocionada y ferviente compositora de partituras que mezclan lo sublime con lo popular, lo clásico con lo contemporáneo, lo cercano con lo místico. Y que, en plena zarabanda de géneros, descubrió que era mujer a los treinta y tantos. Dolores Serrano, ya y por siempre Lola, a pesar de la RAE se empeña en decir que ella es ‘músico’, no ‘música’, y que la música es todo lo demás. Yo no estoy de acuerdo. La música es ella, con todos los colores.

(Si quieres saber más sobre las andanzas de Dolores, échale un ojo a http://profblogmusic.blogspot.com/)

2 Respuestas

  1. Muchísimas gracias, Juan Carlos, por esta bonita y entrañable entrevista (de muchas horas "condensadas"), por tus palabras hacia Sergio y hacia la obra-estreno (cuyo resultado es de todos y cada uno de los que participaron en ella), y por tus elogios hacia mi persona (no merezco tanto). Piantón , el Festival y cada una de las personas integrantes del mismo, ha supuesto mucho, y guardado en los corazones queda. Gracias infinitas. Pd: *lo de el -descubrimiento de ser mujer- puede dar lugar a malos entendidos: aquí estoy yo (en mi correo) para aclarar cualquiera de ellos. ¡Hasta pronto! Un fuerte abrazo.
  2. Lola...Quienes la conocemos, la queremos (que somos muchxs), la admiramos y valoramos, sabemos que es todo eso y más. Orgullosa siempre he estado de conocerla, desde el primer día! Así una vuelve a comprobar que todo en esta vida tiene una razón de ser. Llegar a conocer a esta gran mujer con M mayúscula, mujer desde niña ya que no tuvo adolescencia, es una de mis mayores alegrías y me siento afortunada! Olé por tí, mi preciosa amiga! Olé por tus ovarios, tu dedicación y tú ejemplo a otras mujeres que están en la sombra! Gracias Juan Carlos por tus bonitas y acertadas palabras hacia nuestra Lola, no cualquiera sabe verla como es.

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