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De los pies a la cabeza, y más

Dolores Serrano Cueto. Compositora de muchas cosas, pero sobre todo de música, su manera de hablar, pensar, vivir y sentir. De Cádiz, nada menos. Por eso, también entre otros significados, el título de la obra que compuso en exclusiva para nuestro Festival es De los pies a la cabeza: línea recta a la derecha, que es…
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Piantón y las notas de un piano

Apenas finalizada la octava edición del Festival recibimos un texto manuscrito de la cellista Virginia del Cura, que es el que reproducimos a continuación. Y lo hacemos porque resume, mejor que nada, la vivencia de músicos que, como ella, han pasado por Piantón y celebrado no sólo la fiesta de la música, sino de la…
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Iberian Quartet, o el arte de tenerlo claro

Juan Carlos Avilés Cuando Iberian Quartet se arranca con uno de los Conciertos de Brandemburgo piensas que Bach lo hubiera escrito para saxo de haber conocido este instrumento, que no se inventó hasta más de un siglo después. Tal es la solemnidad y la emoción que transmiten estos cuatro músicos al ‘ensamblar’ con semejante maestría…
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Piantón y las argonautas

Juan Carlos Avilés

Se conocieron cuando estudiaban flauta en el Conservatorio Arcangelo Corelli de Messina, al nordeste de Sicilia. Tal vez por allí entonces pasó el dios Pan, o la mismísima Atenea --quien dicen que fue la inventora de este instrumento milenario--, y dejaron caer su áureo polvo de estrellas sobre las cabezas, repletas de sueños e incertidumbres, de estas cuatro amigas que decidieron convertirse en una sola con un nombre no menos mitológico: Argos. Y, como Jasón, las cuatro argonautas se embarcaron en busca de su particular vellocino de oro: la emoción de la música y del aplauso ferviente, como el que les ha dedicado estos días el púbico del Festival de Piantón. ¡Bravíssimo!
Andrea Velasco, salmantina; Elena Sánchez, ‘murcianica’; María Santoro y Simona Oddo, ambas sicilianas, de la región de Trapani, célebre por su tradición musical y por ser uno de los destinos turísticos costeros del sur de Italia.
Pudieron ser sociólogas (como le hubiera gustado a María, o fisioterapeutas, a Simona, o dedicarse a la literatura, como a Elena, o compaginar la música con la docencia, según las preferencias de Andrea. Pero todas están encantadas de hacer lo que hacen, tocar la flauta travesera como los propios ángeles y continuar siendo amigas por encima de todo, que es, en definitiva, lo que les llevó a formar el Cuarteto Argos. “El grupo surgió a partir de una audición que teníamos que hacer en el Conservatorio”, dice Andrea. “ Podíamos optar por hacer dúos, tríos, y decidimos hacer un cuarteto porque ya éramos amigas y nos encontrábamos bien tocando. Yo compartía casa con María y con Simona, y Elena vivía también en Sicilia, así que decidimos juntarnos a ver qué pasaba. Además, María y Elena venían de otro cuarteto anterior”. Parece que Andrea es la que lleva la voz cantante, ‘tocante’ en este caso. Aunque enseguida Elena puntualiza: “Ella es un poco la que organiza, pero tenemos bastante repartidas las funciones. Yo estoy llevando ahora más la parte de publicidad, y Andrea se encarga de buscar los conciertos en España, mientras que Simona y María lo hacen en Italia”.
A pesar de la distancia, el eje España-Italia parece funcionar a la perfección, y además ahora con los móviles, redes sociales, internet, etc, ya no hay distancia que se resista y todo está a un toque de tecla. Y cuando se trata de algún concierto, o de ensayar, realizan lo que ellas llaman “encuentros”. “Solemos ensayar en Sicilia” ,señala Elena, “ aunque hora estamos un poco separadas porque terminamos el curso el año pasado y entonces Andrea y María marcharon de Erasmus a Bélgica y Simona a Austria. Y ahora nosotras dos estamos en España, y María y Simona en Sicilia, o sea que cuando nos juntamos es para algo muy concreto porque no podemos estar todo el tiempo de un lado para otro. Así que separadas, pero juntas, llevamos como un año, éste, desde que creamos el grupo en 2016”.
Músicos profesionales, y sin embargo amigas. ¿Dónde empieza lo uno y dónde acaba lo otro?, ¿cómo se complementa?, ¿hasta dónde favorece o dificulta los resultados finales? Son preguntas que te van surgiendo al hilo de la charla y que ellas tratan de matizar. María señala que “el ponto forte es la amistad, que facilita mucho las cosas y al final todo lo resuelve”. Sin embargo para Andrea es uno de los puntos débiles. “Interrumpimos mucho los ensayos, a veces por mi culpa, porque como no nos vemos mucho hay también mucho de qué hablar. Así que hasta el tercer o cuarto día de los encuentros nos cuesta entrar en materia, pero luego avanzamos deprisa”. Entonces uno, que no es músico, se plantea cómo se lleva a cabo uno de esos ensayos, cómo se logra que, tratándose de los mismos instrumentos, cada uno tenga su matiz y su lenguaje y el resultado sea un discurso perfecto. “Claro”, dice Elena, “hay que buscar los colores, porque si no resultaría monocromático. En el repertorio procuramos siempre escoger obras diversas y que a la vez cada una tenga sus variaciones. Por ejemplo, Andrea toca la flauta el Sol, que aporta otro color diferente”. “De todas formas”, añade Andrea, “mientras que en los ensayos lo tenemos todo atado y bien atado, a la hora del concierto te dejas llevar por la situación y el ambiente de la sala y al final se convierte en algo más especial que en los ensayos. Es como que lo vivimos más, y nos involucramos más todavía”.
Dos españolas y dos italianas, y además dos entornos diferentes donde el fenómeno de la música se vive de distinta manera. ¿Será España un buen país para crecer en la carrera musical, o será mejor poner pies en polvorosa? Andrea trata de aclararlo: Ellas (las italianas) no lo conocen porque no andan mucho por aquí, pero la verdad es que para nosotras fácil no es. Pero poder se puede en cualquier sitio, aunque es muy complicado. En comparación con Italia, que es lo que nosotras hemos vivido, en una región como Sicilia --que podría ser el equivalente a Baleares-- hay bastantes orquestas. Por ejemplo, sólo en Palermo hay dos orquestas profesionales, la de la Ópera y la Sinfónica; en Catania también hay… Son orquestas profesionales en una región relativamente pequeña. O sea que en Italia, en general, hay más orquestas que en España y, por tanto, más posibilidades de encontrar un hueco”. También en Italia hay mayor tradición musical que en España y no es raro encontrarse con familias de músicos. “Sí, mi abuelo por ejemplo tocaba el clarinete en una banda y mis padres son músicos también”, dice María. En el sur de Italia las bandas son muy comunes, hay una en cada pueblo, por pequeño que sea. Dentro de Trapani, de donde son María y Simona, María es de Custonaci, que tiene banda y Simona es de Nápola, que no tiene pero sí el pueblo de al lado, que es donde va a tocar ella. Así que todo resuelto.
Hay infinidad de chavales jóvenes, incluso niños, que empieza los estudios musicales, pero no todos los llevan a término. Es un recorrido arduo en el que tienes que renunciar a muchas cosas, amigos, juegos, cuchipandas, y no todos están por la labor. Pero estas cuatro argonautas lo tuvieron siempre claro, y aunque su intención es que esta bonita relación amistosa-profesional aguante lo máximo posible, a pesar de la distancia, cada una de ellas tiene en la recámara un ‘plan B’, que la vida da muchas vueltas. El sueño de María y Simona es tocar en una orquesta, pero tras el verano han de incorporarse a sus respectivos másteres de flauta en Sicilia. A Elena le gusta enseñar, y de hecho lo está haciendo en el Conservatorio de Cartagena, porque sabe que enseñar es la mejor forma de aprender. “La orquesta no me llama mucho la atención y prefiero tocar en grupos de cámara, pero me gustaría compaginar las dos cosas”. Y Andrea no sabría por qué decantarse; le gusta mucho la orquesta, pero también la cámara y la enseñanza, a la que, igual que Elena, se dedica en la actualidad, pero trataría de combinar las tres cosas. De hecho, además de en el Cuarteto Argos, toca en un trío con violín y piano.
¿Y siempre la flauta? De no haber sido tocadas por los dioses tal vez se hubieran decantado por otro instrumento que, en algún momento, salieron a relucir como alternativos: el saxo, el fagot, la guitarra… Pero un pacto es un pacto, y más si es de origen divino. Y aunque nunca llueva a gusto de todas, mientras suceda, como en Sevilla, será una pura maravilla. Ellas ya lo son.